El Faro

6 10 2015

The lighthouse

El lápiz se arrastraba sobre el papel, el grafito dejaba su marca con el sonido inconfundible de una idea sembrada; la palabra “Papá” completa la frase amorosa de una hija que escribe una carta. Las cuerdas del chelo vibran en tonos bajos, el compás de la música sigue el ritmo de la punta del lápiz que marca la hoja.

Amelia pone en su carta los pensamientos de una niña de ocho años que sabe a que se dedica su padre –Querido Papá: Se que estás ocupado en esa misión importante, se también que muchas personas y vidas dependen de Ti y de la tradición familiar…-.

La pequeña seguía redactando mientras su pensamiento la transportaba a los días comunes y corrientes, días como cuando viajaba sentada en el transporte colectivo y en el reflejo del cristal del bus se reflejaba un faro antes de arrancar,- la mirada de la chica se pierde carpadas aguas. a se observaba sin descanso esa luz gvepondencia. S carta y el paquete. El enca mientras Ella miraba como iba quedando atrás a medida que el camión avanzaba.

El lápiz parecía seguir el mismo camino del transporte mientras el pensamiento de la pequeña continuaba con la carta, –Y aunque no pasamos mucho tiempo juntos, se que estás ahí, Para Mí, conmigo, lejos y siempre presente…- El arrastrar del grafito hizo que la niña recordara aquel atardecer en el muelle. Amelia y su padre pescaban con cañas largas. El lápiz dibujaba los trazos de las letras como si describiera la trayectoria de la línea de la caña que su padre le había enseñado a lanzar lejos. Ambos parecían estar felices en esa ocasión; la pequeña se había detenido tanto tiempo en su pensamiento que parecía haber crecido, su sonrisa ya no era la de una pequeña de 8 años. Antes de seguir escribiendo Amelia regresó a ese recuerdo de sus manos, sosteniendo la caña mientras su padre le indicaba como recoger la línea.

La joven ha crecido mientras sus letras continúan dirigiéndose hacia su Papá. -En ocasiones no recuerdo tu rostro, solo me encuentro con las enseñanzas, el entrenamiento, la constancia y aún cuando me ha servido, no puedo dejar de reclamarte el por qué de tu ausencia…-. Sus palabras no eran más las de una pequeña, la rebeldía de una chica de 15 años se reflejaba en el reclamo hacia la falta de su presencia. El rostro de Amelia cambia el seño fruncido por otra anécdota.

Ahora, la chica se transporta a ese día donde Ella y su Papá preparaban un pastel. ¡Qué recuerdo tan feliz! Ambos reían y se manchaban de harina. Las manos de la muchacha le daban vuelta a un batidor manual mientras su padre emulaba el movimiento en el aire. Ella se burlaba un poco de lo exagerado que es; toma un poco de harina y la lanza hacia su padre; Él intenta cubrirse del ataque sin éxito y de inmediato hace lo mismo.

La risas de aquel recuerdo regresaron a Amelia al escritorio donde redactaba la carta. La joven, ahora de 18 años continúa escribiendo. -Entiendo la tradición familiar y la labor encomendada generación tras generación…-. Mientras sigue escribiendo, pinturas y fotografías de sus antepasados, hombres y mujeres cuelgan como haciendo compañía a la mujer sentada a la mesa. –Y aunque no comparto la obsesión de cumplir con la misión, se que lo haces por un bien más grande que nosotros mismos y ahí encuentro también tu cariño; en tu ejemplo, en tu constancia, en tu esfuerzo…- Sus palabras ya no son de aquella rebelde de 15 años, ya era una mujer, quien sabía distinguir entre un berrinche y el valor del sacrificio.

La punta del lápiz se detiene nuevamente, se toma una pausa larga. Amelia gira el lápiz para trazar círculos sin fin, como si estuviera dando vueltas a una palanca. La joven sigue dando vueltas sobre el papel, sin embargo, no está más sobre la mesa de su casa, está en un laboratorio. La mano sigue dando giros con el lápiz mientras la mirada de la chica se pierde en el horizonte inexistente, como si una idea le hubiese llegado de a poco. El lápiz se detiene, la iluminación del laboratorio desaparece y la punta de grafito regresa a la redacción de la carta en aquella mesa en su casa. –Hoy puedo decirte que soy como Tú, constante, firme y sobre todo inspirada por Ti y por la tradición familiar…-.

Las hojas de la carta son levantadas por Amelia ahora de 22 años. Las pone frente a su rostro, las baja lo suficiente para que sus ojos sigan cada una de las palabras que sonaban en su mente. –Tú eres mi inspiración Padre, por eso, seguiré tus pasos, cumpliré con mi labor y la tradición de generaciones de cuidar a los demás. Sólo te pido un favor, déjame hacerlo a mi manera…-. La joven baja por completo las hojas y se dedica a escribir un algoritmo en su computadora, corre el programa y observa como una palanca es accionada por un brazo mecánico. Amelia al ver el funcionamiento del aparato, sonríe.

La joven escribe unas últimas líneas en la carta, la revisa y guarda las hojas en un sobre donde anotó el domicilio, a quién va dirigida, y el remitente. Luego pone algunas estampillas postales para luego llevarla al buzón más cercano. Mientras se dirige a depositar la correspondencia, la falda de Amelia juega con sus rodillas. A cada paso que da, la carta va sobre una caja cilíndrica envuelta en papel kraft. Su alegría es demasiada. Llega al buzón donde un camión repartidor la espera. Ella entrega el sobre y el paquete, luego firma un tablero electrónico y ve partir al repartidor en su camión.

Una tarde brumosa comienza a convertirse en noche. Frente al edifico cilíndrico un camión de correo se detiene. El encargado de correos llama a la puerta. La mano de un hombre de edad deja de dar vueltas a una manivela. La puerta llama de nuevo antes de que un hombre fuerte pero con años trascurridos abra la puerta para recoger la carta y el paquete. El encargado del correo se despide y el hombre regresa al interior del lugar cargando la correspondencia. Se sienta en su banco y comienza de nuevo a girar la manivela.

Con la otra mano, aquel hombre abre la carta sin dejar de hacer su labor; comienza a leer, con cada frase la velocidad de los giros son menores. Antes de terminar la carta el hombre hace una pausa para abrir el paquete. Dentro del mismo viene un instructivo con el membrete del Instituto tecnológico Universitario. El hombre lee las instrucciones y saca de la caja un cilindro plateado y como dice en las instrucciones, lo pone cerca de la manivela y aprieta el botón de encendido. Del cilindro sale una luz que calcula la distancia entre el dispositivo y la manivela. Luego, se despliega un brazo mecánico del interior del aparato y se adhiere a la manivela. Un instante después, comienza seguir con la labor de aquel hombre.

El padre de Amelia se retira un poco, se pone la mano en la frente con todo e instructivo y voltea a ver la carta sobre su banco. La toma entre sus manos y concluye su lectura. La carta cae al piso cerca del cilindro, una lágrima hace camino en la mejilla del padre de Amelia y se pierde en su bigote. Las última frase que la joven escribió fue –Para Ti con mi corazón-.

 

El aparato se estabiliza y se ancla al piso, toma un ritmo constante y la manivela se mueve de forma correcta. Arriba de la manivela, los engranes de madera giran con el trabajo del aparato inventado por Amelia. Poco a poco se ve como una compleja maquinaria sube hasta lo más alto de aquel edificio de 30 metros. En la punta, una enorme luz da vueltas. El faro se extiende orgulloso en el risco; desde el mar, con neblina, se observa sin descanso esa luz guía que cuida y protege a quienes navegan aquellas escarpadas aguas.





Había una vez un Lunes negro

25 08 2015
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Esta es una historia como cualquier otra, con un villano, un protagonista y claro, un final feliz. Todo el mundo habla sobre el Black Monday, pero, ¿eso cómo afecta a quien nada tiene que ver? Podrás decir “Yo no tengo dinero en la bolsa” y muy pronto ni en el bolsillo.

Cuando los que meten dinero a las empresas que están en la bolsa lo sacan por miedo a perder hasta la camiseta, esas empresas se quedan sin recursos para segur trabajando, es decir, se quedan si lana, por lo tanto, para que la empresa funcione, tiene que ser más eficiente con menos recursos.

Seguro has pensando “¿a Mi qué? Bueno, pues resulta que la empresa en la que trabajas, la cual le trabaja a una que está en la bolsa, ya no puede mantener a muchos Godínez y necesita solo a los indispensables o Godínez multitasking que haga el trabajo de 3 mas el suyo al mismo costo. Entonces, puedes ser de entre 5, uno de los 3 que pronto estarán buscando trabajo.

Digamos que eres muy bueno en tu chamba y sobrevives. Ahora tienes que hacer el trabajo de tres personas, mas el tuyo, por el mismo sueldo y en la misma cantidad de tiempo. ¿A qué hora comes si ya no te queda tiempo para eso y tampoco pagarán horas extras?

Entonces, la señora de las quesadillas que visitabas un día si y otro también, al ver que 3 de sus clientes ya no van, tiene que subir los precios de las gorditas, cosa que a Tí ya no te conviene. Eso aunado a que hay otras empresas que estaban en la bolsa y que tienen que ver con la preparación de las quesadillas; para que esas empresas sobrevivan, tienen que subirle el precio a la materia prima del chicharrón prensado.

Poco a poco, tu falta de energía y la carga extrema hacen de Ti un anciano prematuro antes de los 30s y comienzas a fallar. Los jefes te ponen gente a tu cargo para que te ayuden, claro a un bajo costo, con un horario explotador y sin prestaciones; lo que pasa es que como no hay trabajo agarran lo que sea. Son más jóvenes y fuertes, los papás aun les mandan lunch y tienen beca familiar.

Tu sueldo no alcanza con todo y el aumento que te dieron. Los chicos nuevos están aprendiendo de Ti para poder tener un acenso, pero como no hay para donde subir, van por Ti.

Digamos que tienes suerte y logras que los nuevos caigan en los 4s que les pusiste para no perder el empleo. Algunos no sobreviven pero el trabajo está hecho y los jefes ahí la llevan.

Como el karma existe, luego de un tiempo, la empresa te hace la oferta de seguir pero con menos sueldo o sin prestaciones, pero claro que aceptas. Te siente bien porque a pesar de todo te siguen tomando en cuenta y te quieren en el equipo, ahí te la crees y entras al juego del indispensable, pero uno de los chicos que aún quedan contigo, ya sabe como trabajas, conoce todos tus movimientos y hasta te ha ayudado a mantenerte, pero ahí es donde piensas que no hay alguien mejor que Tú. Entonces el aprendiz pone en practica lo aprendido.

Sales de la empresa, pero como sabes muy bien el negocio, piensas que encontrarás trabajo rápidamente.

Para colmo, la vida a crédito que te dabas está cobrando intereses que la caída de la bolsa ha elevado al doble. Un día, te encuentras con el hijo de la señora de las quesadillas, lo reconoces, lo viste de lunes a viernes durante 5 años, es Él y al verte te pide un préstamo de forma nada amable de todo lo que traes en tu cartera; el motivo, su Mamá tuvo que cerrar el changarro porque ya no le alcanzaba y alguien tiene que llevar dinero a casa.

El tiempo ha pasado desde ese lunes negro, no mucho, en menos de un año has vivido como 20, tus ganas no son las mismas y la motivación de 4 meses sin empleo empeora todo. Los pocos ahorros se fuero y no tienes para donde correr y con tu suerte, en un mes te desalojan del departamento que rentas.

Hasta ahora es una historia, está basado en un Tú ficticio, en una realidad poco probable o no.

Han pasado un par de meses más, tu familia te ha ayudado con todo, regresaste a casa de tus padres, ahora tienes ex, que por cierto, sigue trabajando en donde solías hacerlo y su división absorbió a la tuya, ahora es jef@.

Sabes que eres mejor que tu ex, pero hay una gran diferencia, tiene atributos naturales que superan tu inteligencia y habilidades y para las preferencias de los patrones, vienen muy bien esas ventajas.

Ya no quieres ver atrás, el tiempo ha pasado y has roto la barrera de los 30, no hay esperanza, no hay opciones y está por acabarse la paciencia de algunos cercanos ¿qué hacer?.

Muchos están igual que Tú, la competencia se ha hecho feroz, ya no pagan ni la mitad de lo que ganabas y la única oferta buena se ocupó con el sobrino de uno de los gerentes, quien por cierto, está recién egresado de un Starbucks particular con universidad.

Cualquiera pensaría en tonterías y no te juzgo, es razonable. Pero en lugar de eso, te das cuenta que lo único que sabes hacer muy bien es subyugarte a otro, dejando las decisiones a los demás por la migaja que era tu sueldo, en otras palabras, eras un maquilador. Ahí es donde todo cambia, te pones a hacer en lo que realmente eres bueno y te subyugas a Ti mismo, ahora eres tu empleado.

Una recomendación, tal vez si eres el mejor y nadie te lo ha dicho, no lo esperes, nadie te lo va a decir y por cierto, deja de usar calzones, te los vas a tener que bajar tantas veces que mejor no les gastes el resorte.

Al principio te caerá un cliente, el cual no te va apagar (por eso ya no usas chones) y el que sigue lo va a querer de a gratis, ese es decente porque el que sigue te va a pedir prueba de amor o “loving” para que puedas trabajar con él, pero como es tu costumbre, no le quedas mal al jefe, es decir a Ti y su cliente, si no satisfecho de menos ya resolvió el problema. La voz se corre y el prestigio te antecede, tu trabajo habla por Ti y también que no traes calzones. Entonces, llega uno de esos clientes que te pide la luna las estrellas y los chones que no traes y aún así, no sabes como, pero se los das a un precio razonable que te pagarán en 30, 60, 90 o 120 días hábiles. Le entras porque estás haciendo algo diferente, algo que muchos ex empleados no están haciendo y además alguien te dijo que eres el mejor… Tú.

Haces la chamba y todos quedan contentos, esas empresas nuevas o las que sobrevivieron al lunes negro, ahora buscan quien les haga el trabajo por fuera a bajo costo que para Ti, ese bajo costo es por mucho, más de lo que ganabas en aquella empresa que te dejó ir y además, te pagan rápido. Y así, tratas de llegar a ese final feliz.

Podrás decir, a mi no me pasará, me dedico al social media, bueno, las empresas ven a los medios digitales como publicidad y la publicidad es lo primero que cortan en sus presupuesto.

A algunos podría parecerles descabellado este cuento, ¿pero te digo algo? Me pasó a Mi algunos años atrás y sí has llegado hasta esta parte de la historia quiere decir que has descubierto a lo que me dedico, cuento cuentos y sí, soy el mejor.





La iniciativa #100xCine

31 05 2013

IMG_2890¿Te has dado cuenta que el espectador es sólo una estadística en el cine, que si fueron la primera semana, que si el público ni se enteró, que si la audiencia no le gusta el cine nacional, que si sólo son números en las gráficas contables de IMCINE; pero si no asisten a las salas entonces se convierten en los insensibles verdugos de nuestras películas?.

¿Qué pasaría si te dijera que podrías participar de una producción cinematográfica profesional? Por eso se me ha ocurrido esta iniciativa que trata de dejar al público no como un simple espectador a quien se le entrega un producto que al final terminará diciendo que no le gusta.

Es bien sabido por la mayoría que me dedico al cine y si no lo sabías te cuento. Desde hace un rato nos dedicamos a contar historias con sentido común y mensaje, el caso del “El Estudiante” y “Ella y el Candidato” son los ejemplos que han estado en cartelera. Pero ahora tenemos muchos más proyectos. Como buenos cineastas, lo que nos falta siempre es el dinero, por eso, convoco a todos los conocidos y los no conocidos a participar de la iniciativa #100xCine.

Muchas veces algunos nos hemos dado a la tarea de buscar recursos federales como FIDECINE, estímulos fiscales como EFICINE o participado en las convocatorias de cortometraje sin éxito y no es porque la historia no valga la pena, más bien, la selección de los proyectos están delimitados por un juicio subjetivo. La idea es buscar entre todos una forma de financiar el cine nacional sin la necesidad de vender el alma a las grandes corporaciones o pedir a los amigos que dejen de cobrar para contar una historia.

Bueno y seguro piensas, “Hasta ahora no me has dicho nada” está bien, te cuento que el martes pasado se me ocurrió decirle a todos los espectadores que asisten a las salas de cine a pedirles 100 pesos, sí 100 pesos y así convertirse en partícipes de un proyecto fílmico.

Es verdad que hay empresas que se dedican a fondear proyectos cinematográficos como Kickstarted, fondeadora.mx, Indiegogo y muchas más, pero entonces no se cumpliría la meta de #100xCine. El punto no es seguir entregando al público, la idea es hacer un cine distinto, del público a las salas. En lugar de ser pasivos y esperar la película, el público se puede involucrar desde dar $100 hasta todos los procesos de la creación fílmica.

¿De qué va esto? Puedes ser un Productor Asociado Donante (PAD), es decir, tu aportación servirá para la pre-producción, producción y post-producción de la película. Esta aportación empieza con $100 pero puedes dar más. Entre más des mayor será la cantidad de beneficios dentro del proceso.

La idea es para poder fondear dos proyectos de cortometraje. El primero se llama “Despertador” y el segundo “Tilla”. El primero es una historia basada en un cuento que escribí hace un rato y que puedes leer en https://betosalva.wordpress.com/2011/02/20/despertador/ y que se hará en acción real, en locaciones de la ciudad de México, con la actuación de Eugenio Bartilotti en el papel de Antonio, con la dirección de fotografía de Eduardo Vertty, con la producción de Eugenia Orozco y Jorge Galicia, la dirección de arte de Connie Martinez y Christian Galindo y la postproducción de Miguel Audiffred.

El segundo cortometraje es una historia cercana, una animación escrita por mi amada Laura Cueto y por Mí narrando el punto de vista de “Tilla” la mantita de nuestro primer hijo Max. Una ficción que explora desde el nacimiento del pequeño y como se convierte la mantita en la protectora y cómplice hasta como se pone el mundo de cabeza si esta se pierde.

Puedes participar en cualquiera de los dos proyectos o en ambos. Tu aportación te da los siguientes beneficios por cantidad de donación:

De $100             Conocer el guión, crédito en el corto como “PAD” Productor Asociado Donante

De $1000           Conocer el guión, crédito de “PAD” y visita al set de filmaciones (un día + un invitado) y/o visita a la sala de post producción para ver el proceso de animación (un día + un invitado)

De $10,000         Conocer el guión, crédito de “PAD” y participación en el corto como extra más foto de crew y fiesta de término de filmación y/o foto con crew de animación incluida ilustradora, fiesta de termino de animación

De $100,000       Conocer el guión y tener una participación creativa en él, crédito de “PAD” especial, pequeño papel dentro del corto, foto de crew, fiesta e invitación a la presentación en alguno de los festivales con todos los gastos pagados (para ambos cortos), en el caso de la animación, un fotograma firmado y enmarcado.

Te preguntarás ¿Cómo es eso del crédito especial de “PAD”? Ese crédito aparece de forma individual antes de que aparezca el crédito del resto del crew en las famosas dos columnas.

Cualquiera podría cuestionar ¿Y qué gano Yo dándote mi dinero? buena pregunta. Primero, ganas la satisfacción de llevar a la pantalla una historia que Tú lograste que apareciera en la pantalla grande porque, aunque no lo creas es difícil, segundo, los beneficios antes mencionados según la aportación y tercero, poder llevar alguno de los cortometrajes a festivales nacionales y extranjeros en donde quizá tenga la oportunidad de ganar algún premio.

Pero ¿cómo vas a invertir en una historia que ni siquiera conoces? Bueno, por eso pido de tu ayuda, en el caso de “Despertador” puedes leer el cuento, en caso de “Tilla”, con gusto te pasaré el guión con tu aportación. No es que sea egoísmo, se trata de darle un poco de misterio.

Me gustaría tener esta producción lo antes posible, por eso daremos una ventana para recaudar lo que se pueda en un mes, en caso de no lograr tener una cantidad suficiente para arrancar el proyecto, abriré una segunda convocatoria y pediremos ayuda a los amigos del medio para que no nos cobren mucho.

Por último, si crees que es una buena idea, compártela con todas las personas que puedas, igual y Tú no puedes aportar, pero sí alguno de tus seguidores. También, estáte pendiente porque pronto diré como y en donde podrás hacer tus donativos. Por lo pronto, ve pasando la voz y no dejes de usar el ht #100xCine

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Temor

25 06 2011

Advertencia: Este no es un cuento para niños y es un punto de vista interpretable sobre la diversidad.

Los muchachos en la esquina seguían como toda las noches bebiendo y viendo el reloj, platicaban de cosas nada fuera de lo normal e intentaban, como buenos bebedores, cambiar el mundo desde la esquina de siempre.

El calor del alcohol y la tenue luz de los cigarrillos mataban el frío que se hacía más presente al correr de la oscuridad. Luego de ver el reloj, uno de los camaradas puso cara de susto, los demás se quedaron quietos y viendo su reloj al unísono cambiaron el semblante, sin decir nada todos dejaron sin excepción las botellas en el piso y  caminaron en distintas direcciones. No pasó noche en la que no se vaciara la esquina justo unos minutos antes de dar la una de la mañana.

Un día un joven que caminaba por ahí vio como todos los chavos de la esquina caminaban como buscando refugio antes de que diera la primera hora de la mañana. Con el paso de los días, el joven que regresaba de trabajar veía el ritual de huída de los chicos de la esquina. Uno de esos días decidió unírseles para pasar un rato luego del trabajo, al calor de la cerveza y al humo constante de los cigarrillos.

Al principio los compañeros de parranda no confiaban en él, pero como el   aspirante a arquitecto, Olvera no pasaba mucho tiempo con ellos. Así dejaron que se integrara al grupo. Las noches pasaban y justo antes de la una de la mañana, cada uno de los participantes se despedía apresuradamente de los demás para emprender el camino a casa. El joven estudiante al encontrarse solo decidía ir a su casa también.

Un día en el que el alcohol abundaba y la bohemia era mayúscula, Olverita como ahora le llamaban en el grupo, se armó de valor y preguntó a los demás por que se retiraban a sus casas tan temerosos luego de la media noche. Los demás escucharon la pregunta con cuidado, el silencio se hizo sentir entre el círculo de amigos, las miradas de sorpresa y miedo eran intercambiadas y una sola palabra no se oía para contestarle a Olverita, en su lugar, los murmullos y de pronto, una carcajada rompió el silencio incómodo poniendo como pretexto una antigua tradición en la esquina. Nunca contestaron la pregunta, la evadían o la respondían a medias.

En otra ocasión, Olverita ya con más copas al igual que sus compañeros, repitió la pregunta que días atrás había hecho, como el ambiente y la confianza eran más grande que antes, decidieron contar la historia de la muerte. La lámpara de la esquina llevaba varias noches parpadeando en señal de que se descompondría de un momento a otro. Justo cuando uno de los valientes compañeros comenzó a contar el por qué de su huida previo a la una de la madrugada, la lámpara disminuyó su intensidad dejando el ambiente macabro.

– Dicen que pasada la una de la mañana la muerte se aparece por estos lados y que sus pasos retumban entre las calles– comenzó la narración a media voz Juan el más viejo de la esquina – Aparece dicen muy cerca de tu casa caminando en unos tacones muy altos – apuntó rápidamente Teto, el más borracho de todos – Y se lleva a todos los borrachos que andan en la zona ¿verdad compadre? – continuó Luís dirigiéndose a su amigo – Sí, aún recuerdo a mi compadre  Jonás, a Él se lo llevó la de negro-  todos los presentes complementaban la historia de Juan y coincidían en que la larga cabellera negra y su elegante atuendo eran características inequívocas de que se trataba de un ser del más allá. Algunos creían que la misión de la de negro, como le decían, era limpiar las calles de indeseables y borrachos, pero con precisión  nadie sabía el motivo del por el que se aparecía.

Juan siguió contando; decía que una vez la había visto andar por las calles que le gustaba caminar siempre por la misma acera y se perdía, si no se llevaba a nadie, en la niebla que se formaba en las vías del tren a cinco cuadras de la esquina. Mencionó también que algunos de los vecinos que llevaban mucho tiempo viviendo por la zona decían que era el alma de una mujer a la que su marido golpeaba cuando estaba borracho y por eso se llevaba a esa gente.  Olverita que llevaba mucho tiempo viviendo en la misma colonia nunca había visto nada, ni había escuchado nada al respecto.

El reloj marcaban cinco minuto antes de la una de la mañana, el rostro de los bebedores cambió y tras despedirse desaparecieron, Juan advirtió a Olverita – ten cuidado porque luego andas solo en la calle y como ya eres parte del grupo de la esquina, no vaya a querer llevarte-. Olverita se encaminó un tanto asustado hacia su casa, abrió la puerta y subió a su cuarto, se quito los zapatos y recostándose en su cama meditó la historia que le habían contado.  Hacía muchos años que Olverita no conciliaba el sueño con facilidad y para poder dormir salía a dar una vuelta por los alrededores del barrio, uno de sus pasatiempos favoritos, caminar de noche. El joven recordaba la historia que le habían contado y se le hizo extraño no haber sabido nada sobre la de negro. Sin darle mayor importancia se arregló para salir y caminó desde su casa hasta cerca de las vías del tren como cada noche.

Al regresar a su casa, Olverita se sobó los tobillos,  seguía con la historia en la cabeza, se quitó el abrigo largo que le cubría sólo la lencería en encaje negro y las medias sujetas al liguero, se sentó frente al espejo y quitándose los tacones de charol dio un pequeño masaje a sus pies, inició la desmaquillada, se quitó la lacia peluca negra y guardando su atuendo dijo – Ivonne de vuelta al closet –





Cómplice Café

16 05 2011

Si pudiera imaginar ese grano lo importante que será en la vida de las personas, del gran plan que se orquesta y de la trascendencia y papel futuro de influencia encapsulada en sus adentros. Por que el café no es una bebida, es un cómplice, un compañero, un despertador; es quien te echa aguas, el que te alerta, el que te acompaña en el primer suspiro del día y quien conoce de tus labios el secreto compartido con tus amigos y en sorbos revelas antes.

Ese, el amigo que derrama junto a Tí su rímel en la taza cuando lloras, el agitador de risas cuando lo compartes, el seductor apuntador de confianza cuando te encuentras a los ojos de quien compartirá el resto de tu vida. Café, palabra, trato, apretón de manos, consuelo en las tristezas, manta tibia en las heladas, refrescante colaborador en tanto el sol aprieta.

Definirlo podríamos, pero lo más cercano a su esencia es la complicidad. Elegante, constante y encontrado en cualquier parte. Fidelidad más férrea no habrías de hallar, sin pensar en una taza los recuerdos pasan, los planes logrados y el amor pasajero o espontáneo. En boga, de moda y disfrazado, siempre con sumo cuidado para no decepcionarte jamás. De frío o helado, en dulce o cargado; ese café nos da sus ratos, noches de estudio infinitas, corte de mareos instantáneos y si lo digo con cuidado, un café ha evitado con la lucidez entregada, hasta guerras.

Dame una razón para no permitirme al borde de un taza regalar un beso a la bebida de miles admirada, entrega suavemente, muy despacio y sin presente los planes de tu cabeza. El hoy, tan efímero como la orilla de un vaso de unicel, de un termo, de una medida, de un recipiente que encierra de repente la eternidad de su buqué, del aroma a amanecer, el deleite y el placer que da un buen café.

Los planes maquiavélicos y el rescate de la economía, la pereza y la alegría se presentan por igual, se despejan al tostar, los granos mejor seleccionados, de robustos, de arrabal o arábigos refinados. Respira, disfruta, deleita el paladar con uno de sus conocidos aromas, que sin reparar en ello, es el alma de ese grano que ha hecho su trabajo sin imaginar.





Nino y el Mar

8 04 2011

La primera vez que se calló de la mesa de té el caracol, Nino lo vio con una curiosidad extraña, no sabía que era y luego de darle muchas vueltas y ladrarle decidió moverlo con la nariz. Lo empujó tanto que le dio la vuelta y justo cuando estaba por investigar que había en el interior, su querida dueña Valeria lo levantó y lo puso de nuevo sobre la mesa.

Pasaron varias semanas antes de que Nino encontrara en su día ese caracol enorme que era el adorno central de la sala. Un día, una amiga de Valeria tomó el caracol en sus manos y lo puso en su odio, Nino al ver de nuevo el adorno sintió curiosidad y se sentó sin despegar la mirada de la amiga de su ama. Ella puso el caracol en su oído -me encanta tener un poco de playa en esta ciudad tan grande, aunque sea las olas-

Nino ponía toda su atención en el caracol en el oído, así que dando un salto se acercó a la amiga de su dueña y con una curiosidad parecida a la de un felino, puso las patas en el cuerpo de la mujer que oía el mar a través del caracol. El tamaño de Nino hizo que la chica se tambaleara y dejara de escuchar.

-Nino, tranquilo, perdón, nunca había echo algo así- La amiga no le dio importancia  y dejó el caracol de nueva cuenta sobre la mesa. Nino se tranquilizó y   pero observo en donde había quedado ese instrumento misterioso.

Los días siguientes el perro daba vueltas a la mesa de té, veía el caracol, lo asechaba, lo miraba, lo volvía a mirar, le ladraba y solo se despegaba de él para comer y para ir de paseo.

Uno de esos días en los que Valeria tenía reuniones en su casa y los invitados dejaban ver su alegría en el número de copas que habían tomado, alguien tropezó con la mesa y dejó el caracol a merced de Nino. Antes de que su ama se diera cuenta, el perro con la nariz arrinconó el adorno y lo escondió.

Un día cuando Valeria dejó el departamento para ir a trabajar entre semana, Nino fue a buscar el botín escondido, lo arrastró de nuevo, lo observó y le dio vueltas, justo como lo había hecho antes cuando estaba sobre la mesa. Pero en esta ocasión, lo arrastró tanto que logró voltearlo. Se detuvo un instante, analizó la situación y de pronto comenzó a olfatee en la cuenca; de pronto el perro por accidente movió su cabeza y por casualidad escuchó el susurro proveniente del interior.

Era un sonido extraño, un murmullo que nunca había conocido, le intrigaba tanto que puso de lleno la oreja en el caracol. Todo se puso oscuro, la vista de Nino se transformo en nada, los sentidos se cerraron y el oído era lo único a lo que el perro ponía atención. Sonaba completamente distinto a todo lo que había escuchado, era tan emocionante, tan seductor y tan nuevo que Nino se quedó escuchando el caracol toda la tarde. Calló en un sueño tan agradable que olvidó que estaba a la mitad de la estancia cuando Valeria llegó. La chica tomó el caracol y lo puso en su lugar.

Generalmente Nino corría a la puerta a recibir a Valeria en cuanto llegaba de trabajar, pero en esta ocasión estaba tan embelesado que olvidó por completo la llegada de su dueña. Valeria tenía tantas cosas de que preocuparse que no le dio importancia. La mudanza era inminente y pronto la residencia de ambos los llevaría lejos.

Esa noche Nino soñó con un lugar que jamás había visto, con la temperatura ideal y el sol suficiente para acostarse panza arriba. Nunca había sido tan feliz en un sueño, ni siquiera cuando persiguió al gato del vecino. En el fondo, el sonido del caracol acompañaba al can.

Las dos semanas siguientes, las carreras y el empaque de todas las cosas distrajeron al perro y a su ama, no había tiempo de recordar ese sueño tan agradable, pero nunca Nino perdió de vista en que caja se había guardado el caracol.

Sin saberlo, Nino se encontraría con ese sonido que tanto lo hacía soñar en su nuevo hogar, una pequeña casa alejada de todo en donde el sol era como lo había imaginado, en donde el aire era tibio y con la temperatura ideal y con el sol idóneo para acostarse panza arriba. El abrir de cajas y el acomodo de todas las cosas de su ama lo mantuvieron ocupado hasta que un día acostado en el el sofá, escuchó el sonido que salía del caracol, volteó para todas parte pero no pudo hallar el adorno, así que se su instinto lo llevó hasta la ventana por donde más entraba la luz. Nino se sentó y a lo lejos podía distinguir ese sonido que tanto quería. Comenzó a ladrar y no dejó de hacerlo hasta que Valeria preguntó -¿quieres salir a explorar? El perro corrió hasta donde estaba su correa y llevándola del hocico hasta su dueña la convenció para dar un paseo.

Caminaron por pocos minutos y mientras lo hacían el sonido se hacía más y más evidente. Llego a tal punto que de pronto Nino se zafó de las manos de Valeria y corrió tan fuerte que perdió la vista de su dueña. El sonido de las olas detuvo la carrera del perro quien contempló sorprendido la inmensidad del Mar.

Valeria llegó corriendo con el corazón acelerado y sin aliento. Observo a su perro con cuidado y recordó cuando Nino se quedó dormido con el caracol en la estancia -Nino, te presento el Mar, Mar, te presento a Nino. Puedes meterte si quieres- Le dijo a su mascota. El perro miró a Valeria, volteó a ver el Mar y de nuevo a su ama, tomo valor y corrió hasta entrar en las olas. Ese sueño que había tenido tiempo atrás, ese día se hizo realidad.





Aire de ciudad

4 04 2011

Un diente de león al otro lado del río se preguntaba ¿qué serán esas estructuras tan altas que tratan de hacerle cosquillas al cielo? ¿De qué estarán hechas esas flores? ¿Por qué se esconden entre las nubes?. El viento soplaba suave, meciendo a la pequeña flor de un lado a otro, para adelante y para atrás, con ritmo como de vals. Con el movimiento, por más que el pequeño diente de león se estiraba no veía más lejos, aunque quisiera.

Con la caricia del viento una señora muy linda con una bolsa de viaje se sentó junto a la flor para admirar el paisaje. – Ya pronto mi niña, ya casi estoy contigo mi pequeña Sofía –. Terminando de decir esto tomó con delicadeza entres sus manos la flor blanca y regalándole un beso desprendió en vuelo las semillas del diente de león.

En el aire, la pequeña semilla armada de su blanco paracaídas llena de alegría cruzaba con mayor curiosidad el río, los edificios parecían hacerse más grandes pero era ella la que se acercaba. – ¡Pero si son más grandes de lo que pensé! – se repetía la semilla voladora que seguía danzando al compás del viento otoñal. Ruidos extraños y aromas nuevos le dejaban navegar entre ellos al terminar de cruzar el río.

Viajando entre las estructuras escuchó de todo. Los edificios le pedían que no chocara con ellos, que no los invadiera y que no buscara refugio entre las cornisas y menos en las ventanas. No era un gran día para volar; pronto la semilla descubrió que aquellas flores grandes se llamaban edificios, que formaban parte de una gran ciudad, que no les gustaba ser molestados, que estaban hechos de concreto, acero y que no servían para echar raíces.

– ¿Pero en dónde voy a vivir ahora? – Se preguntaba la semilla. – Creo que no me ha gustado mucho conocer la ciudad.– No había terminado de reparar en  eso cuando una paloma pasó volando muy rápido junto a ella; el viento cambió de dirección y llevó a la pequeña viajera justo hasta un nido de pichones hambrientos. No había opción, el final se veía venir. Terminaría en el interior de una ave sus días. Pero el viento como la vida es impredecible y justo antes de ser devorada por tres diminutos monstruos y haciendo gala de acrobacias jamás imaginadas por una semilla, logró salvar su vida.

El viento hizo su mejor esfuerzo por salvar a su transportada pero se había fatigado. Poco a poco la semilla descendió hasta llegar a una calle habitada por máquinas furiosas y gruñonas. Los bólidos iban tan aprisa que movían el aire. La pequeña semilla dejó su lenta caída  y se encontró atrapada en remolinos y ráfagas de violento aire. El mareo no se hizo esperar y la pequeña semilla buscó donde tocar suelo, pero lo único que veía era asfalto, sabía que si caía en el duro suelo jamás podría ser una flor de nuevo.

Ahora si no había esperanza; el suelo la esperaba llena de correteados tenis, de elegantes mocasines y de delicadas zapatillas dispuestas a pasarle por encima para jamás remontar el vuelo. Todo era inútil. De pronto la suerte parecía ir peor, no la esperaba el suelo sino una rejilla metálica frente a una tintorería de chinos. – Creo que caeré en ese agujero donde no hay luz de sol y eso debe ser  peor que ser pisada – pensaba la pobre semilla.  Pero de pronto y como en todas las tintorerías el vapor de las planchas sale a la calle y un chorro de más cálido que la brisa le hizo remontar el vuelo haciéndola llegar hasta donde los edificios intentaban tocar las estrellas que empezaban a asomarse.

En un balcón, Sofía veía desde la puerta corrediza como la tarde cambiaba de colores, dejando pasar el día y disfrazándose de noche. Cada uno de los edificios se ponía su pijama  de luces mientras toda la ciudad se preparaba para ir a dormir. Sofía tomó una maceta azul con estrellas doradas y salió a la terraza, puso su pequeña maceta en la bardilla y mirando al cielo vio como una pequeña semilla de diente de león aterrizaba justo en la tierra de su maceta. Quitándose uno de sus guantes, la observó por un instante, la arropó con una sábana de tierra y mirando con esperanza al cielo preguntó – ¿Mamá? –

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